XIII Olimpiada de Filosofía

La XIII Olimpiada de Filosofía de nuestro IES ya se ha celebrado y aquí tenéis los dos textos ganadores. En la modalidad ensayo la ganadora ha sido Manuela Velasco de B2C y en la modalidad dilema Amanda Nicolás de E4C. ¡Enhorabuena a las ganadoras! 

🍀¡Mucha suerte en la Olimpiada autonómica!

¿Es locura luchar por causas perdidas o consiste una forma de dignidad ética?

Manuela Velasco (B2C) – Modalidad ensayo

Hoy en día, en la sociedad de la “hiperreflexión”, donde todo tiene un trasfondo, y donde parece que jamás, ocurra lo que ocurra, podemos quedarnos con la primera impresión de aquello que presenciamos; puesto que sería postulamos como animales irracionales, la locura se presenta como algo más habitual de lo que debería como consecuencia del sobrepensar constante.

Para comenzar, es importante aclarar qué es una causa perdida, podríamos definir como “causa perdida” a aquello que consideramos que teniendo en cuenta nuestras posibilidades actuales, no es posible alcanzar. Sin embargo, esta definición nos da mucho más juego del que pensamos. Hemos recalcado el importante factor de la contemporaneidad de nuestras posibilidades. Una causa perdida, es perdida en este instante, pero no quiere decir que, si nos proponemos cambiar los factores que condicionan que dicha causa pueda ser calificada como “perdida”, no vaya a cambiar su carácter “imposible” del mismo modo. Teniendo esto en cuenta, ¿acaso puede tacharse de loco a aquel que, simplemente, decide modificar su sistema para cambiar su resultado?, ¿o esta necesidad de etiquetarlo como demente va más allá de su perseverancia ante algo aparentemente imposible?. En mi opinión, esta “locura” de la que hablamos, y con la que crucificamos al crítico, al perseverante, a aquel que se atreve a bucear antes que nadar en la superficie, es el reflejo de una sociedad cada vez más presa del sistema que ella misma creó.

Y para ello me gustaría recalcar lo que comenté previamente. Los individuos somos seres cada vez más reflexivos, sensibles, todo tiene un impacto, todo nos afecta en cierto modo, todo gira en torno a nosotros mismos y nuestras necesidades. ¿Qué es la locura?, antes, un trastorno mental diagnosticado, hoy, cualquier forma de pensamiento o conducta que se salga de nuestros esquemas. Esta definición de locura es consecuencia del absoluto antropocentrismo que constituye el eje vertebrador de nuestras investigaciones. La locura de la que nos hablan en esta cuestión, no es una locura clínica, no es una locura enferma, ni peligrosa, ni genética, es una locura metafórica. Es el nombre que hemos encontrado para apelar a otro de los aspectos del ser humano, la curiosidad irracional, el tesón más allá de la lógica práctica, el seguir insistiendo en una misma causa aunque las señales sean las contrarias. Si no insistiésemos tanto en investigar, dotar de importancia, o contemplar hasta el último resquicio de nuestra conducta, simplemente sabríamos que esta cualidad humana existe, la entenderíamos, conviviríamos con ella, pero no atenderíamos a esa necesidad imperiosa de etiquetarlo todo; ya que esto, muchas veces provoca que su nombre no atienda correctamente a su sentido, y, como en este caso, acabemos llamando locura a la perseverancia.

En esta cuestión además, hay un segundo aspecto importante, la dignidad ética, la cual, también me gustaría comenzar definiendo; esta podríamos calificarla como un sentimiento, el sentirse digno porque estás actuando de forma correcta mediante la insistencia en algo que muchos considerarían un caso perdido. Esta cultura de la resiliencia sin embargo, también tiene un trasfondo importante. Para ello es importante hablar de la meritocracia. La meritocracia, hoy en día, constituye todo un sistema. En el mundo de la globalización donde todos los negocios y grandes industrias son internacionales, donde las redes sociales nos permiten saber qué va a comer un joven de Luisiana, obtenemos ejemplo de los grandes, como Elon Musk o Amancio Ortega. Los cuales se presentan como personas “que nunca se rindieron”, que no se dieron por vencidas cuando se les presentaron obstáculos en el camino, y a los que también llamaron “locos” por sus propias “causas perdidas”. Por ello, la resiliencia de la que hablábamos antes, no es una resiliencia inocente. Está alimentada por el cóctel podrido de la cultura de la meritocracia, donde te proponen que si nunca te rindes, llegarás donde llegaron los grandes. ¿Qué fácil!, ¿no?, pues no. Esto en realidad es una estafa piramidal, de la cual obtienen beneficios los mismos que te la venden, “los grandes” en los que te inspiras. Volviendo entonces a la dignidad ética, no podemos considerarla como “dignidad” puesto que la dignidad no viene determinada por tu tesón ante una situación que consideras imposible, no serás más digno, éticamente hablando, porque no serás una mejor persona por optar por el camino largo y no rendirte. Optar por dicha vía es una elección, no un deber ético, y que la mayoría lo considere como tal, es culpa de ese sistema meritocrático implantado por aquellos que lograron triunfar y que ahora, se benefician de las mentes más débiles que siguen cual rebaño que sigue a su pastor sus “enseñanzas”.

En conclusión, luchar por una causa perdida no puede estar seguido de la dicotomía entre la locura o la dignidad, puesto que más que algo determinante de tu carácter, es una decisión, tú eliges si seguir o no, si abandonar o apostar por el éxito, lejos de condicionar tu decisión para que los esquemas impuestos por el sistema no te clasifiquen de ninguna de las dos.

Modalidad Dilema

Amanda Nicolás (E4C)

En este texto aparece un dilema ético bastante claro; se plantea si es mejor encubrir a un amigo frente a una mala decisión que va a tomar o delatarle, traicionando así su confianza, por un bien mayor que en este caso son los expedientes y las consecuencias legales para tu amigo y sus propios familiares.

Frente a esto hay varias formas de abordar la situación. Lo lógico sería delatarle ya que traería más consecuencias positivas como la conservación de los expedientes de los alumnos, y por consecuencia no alterar el futuro de dichos estudiantes.

Sin embargo, moralmente lo más acertado sin lugar a dudas sería encubrir a tu amigo sin importar las consecuencias ya que lo conoces y sabes que no lo hace con mala intención.

Pero todo esto, ¿A qué precio?
Siendo honestos, el encubrirle lo estarías haciendo más por ti que por él, lo harías por miedo a que tu amigo se enfade contigo o para demostrar tu nivel de lealtad hacia él, no porque realmente pienses que es lo mejor. Lo harías posiblemente por cobardía.

Con todo esto sobre la mesa, mi opinión es clara.
Si realmente valoras y quieres a tu amigo harás lo mejor para él y lo mejor no es encubrirle. Lo realmente valiente e inteligente sería contarlo ya que, a pesar de que le castiguen y se enfade contigo, le ahorrarás algo mucho peor porque si no lo hicieras, lo más probable es que seguiría haciendo ese tipo de cosas hasta conseguir que todo el mundo vea la tecnología de la misma manera en la que él la ve.

Sí, lo delatarías, pero estarías ayudando a todos esos estudiantes que necesitan sus expedientes, a su familia que no cargaría con problemas legales y sobre todo a él mismo.

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